La historia del 'Platiní' (Parte I)

- "¡Demonios! Otra vez lluvia... Y el auto lo dejé al final del estacionamiento una vez más. ¡Pues a correr! Después del último entrenamiento de la temporada, ¿qué tanto son unos 30 metros más?"
Al llegar a su auto deportivo alemán, Esteban abrió la puerta, aventó la maleta al interior y se apresuró a abordar el vehículo. Al pasar por el portón de salida de la casa club bajó el vidrio:
- "Hasta luego Don Cruz".
- "Nos vemos 'Platiní', que descanse".
- "Igualmente, saludos a Liliana".
Al dejar las instalaciones del club para el cual ha estado jugando los dos últimos años se dirigió al sur de la ciudad a la casa que había adquirido un año atrás, pensando que el retiro no está tan lejos como siempre había creído. "Esta no es una mala ciudad para vivir" se había llegado a decir a sí mismo.
A mitad del camino sacó su manos libres, se lo colocó en el oído y marcó el ya desgastado 2.
- "¡Esteban! ¡Platiní! ¿Cómo estás? Justamente estaba pensando en tí".
- "Hola Luis, siempre que te llamo estás pensando en mí...".
- "¡Pues claro, mi 'Platinito'! ¿Cómo no voy a estar siempre pensando en mi representado estrella?".
- "Como tú digas, Luis. Ya te he dicho que no me digas 'Platinito'".
- "Relájate, relájate hermano, te lo digo con cariño".
- "¿Cómo va el asunto de la renovación?".
- "Pues las cosas realmente siguen estancadas; esos güeyes no quieren aumentarte el sueldo ni que sea por dos años más; ofrecen sólo un año por lo mismo que ganas ahorita".
- "Esos malagradecidos... No vayas a ceder Luis, tiene que ser bajo nuestras condiciones, y si ellos no me valoran, ya habrá otros que seguro quieran los servicios del gran 'Platiní'".
- "Entiendo, aunque no va a ser fácil. Considera que ya eres un veterano, y de abajo vienen chavos con talento empujando muy fuerte y que ahorita no piden más del 20% que tu pides".
- "¡Porque ellos no pueden ofrecer ni el 20% de lo que yo hago en la cancha!".
- "Yo lo sé, yo lo sé 'Steve', pero eso no lo ven ellos. Tú confía en mí, yo me hago cargo".
- "Está bien, pero no cedas Luis".
- "Claro que no. Tú y yo queremos lo mismo, así que confía en mí. Por cierto, voy a donde siempre con las de siempre, ¿nos vemos ahí?".
- "No Luis, gracias, por esta vez paso. Hablamos luego."
- "Tú te lo pierdes mi 'Platinito'. Después te echo un fonazo".
- "Sale, no hagas las mismas puercadas de siempre".
Colgó el teléfono sin sentir la confianza y el relajamiento que suele sentir después de haber hablado con su representante, sabía que algo no andaba bien. Justo estaba llegando a su casa, levantó el brazo para abrir el portón de la cochera. Al entrar a su casa se percató de que todo estaba limpio y ordenado; la cena estaba servida en la mesa lista para ser calentada. 'Doña Chilo' ya había terminado y se había ido. "¡Se me volvió a olvidar dejarle su dinero!". Al acercarse a la mesita de la entrada donde instintivamente siempre deja sus llaves, su teléfono y su cartera, se dio cuenta de que habia un sobre en blanco con remitente "Federación Mexicana de Fútbol" y marcada con un sello de "URGENTE".
···
- "Está bien, lunes a las 10 am en las instalaciones del club, lo tengo; gracias, hasta el lunes" - cuelga el teléfono - "¡Mamá! ¡Mamá! ¡Si me escogieron! Les convenció cómo jugué y quieren que el lunes empiece en las fuerzas básicas.
- "Que bueno, mijo... que bueno por ti..."
- "¿Qué pasa? ¿Por qué no estás alegre?".
- "Si estoy alegre Estebancito, pero es que eso quiere decir que te vas a ir a la ciudad y que ya no vas a regresar, como tu padre..."
- "No digas eso mamá, tú sabes que eso no es cierto. Yo no me olvidaré de mi familia como ese señor, no podría. Si me voy es para ser el mejor futbolista de México, ser muy famoso y ganar mucho dinero, dinero para mí, para tí, y para Alfonso".
- "Pero vas a tener otro tipo de vida, otros amigos, otras... amigas...".
- "Pero nunca otra madre. Por favor mamá, confía en mí. Siempre recordaré quién soy y de dónde salí. Cada que pueda vendré al pueblo y te mandaré dinero".
- "¿Y la escuela?"
- "Ya no hace falta".
- "¿Qué dices? ¿Cómo que ya no hace falta?"
- "Pues voy a ser futbolista, para eso no se necesita estudiar, sólo jugar bien y yo juego muy bien".
- "¡No digas tonterías mijo! No quiero que dejes la escuela. Prefiero que te quedes en el pueblo para que sigas estudiando".
- "¡Ay mamá, no seas necia! La escuela es para los tontos ¿quién quiere estar todos los días leyendo esos estúpidos libros y escuchando a esos torpes maestros?"
- "Si yo hubiera tenido la oportunidad lo hubiera hecho, y así cuando tu padre nos abandonó no hubieramos quedado desamparados".
Se produjo un silencio incómodo.
- "¿Y si te prometo que no dejaré los estudios?"
- "¿Me prometes que no dejarás de estudiar hasta que tengas un título universitario?"
- "Te lo prometo mamá".
- "Gracias mijo, te quiero mucho, nunca lo olvides"
- "Yo también mamá, yo también...".
Madre e hijo se fundieron en un abrazo cariñoso que selló su promesa.
CONTINUARÁ...



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